Series de los 80 que marcaron mi infancia y me dejaron ‘asín’

Facebooktwitterlinkedin

En enero de este año se cumplieron la friolera de 32 años del estreno de la mítica serie ‘El Equipo A’, en la NBC americana. Así que, como homenaje, aquí va mi primer post sobre las series que mamé en los 80, para que los nativos digitales sepáis lo que se veía antes de que nacierais, y para que los que escribisteis a Olivetti recordéis lo que era bueno, antes de volveros unos “seriéfilos” pretenciosos y ‘cool’, de los que sólo ven series de la HBO y en V.O.S. Empezamos por la cumpleañera:

‘El Equipo A’ (‘The A team‘, 1983 – 1987)

EquipoA

Con su mítica cabecera (“En 1972, un comando formado por cuatro de los mejores hombres del ejército americano, fueron encarcelados por un delito que no habían cometido…”) y su inolvidable música inicial (ta-ta-ra-taaa, ta-ta-taa, ta-ra-ra-ra-ta-taaa / ta-ta-ri-ro-ra…”), El Equipo A es quizá la serie más emblemática de los 80. El susodicho equipo lo formaban el cerebro John “Hannibal” (no confundir con Lecter) Smith, su inseparable puro y su “me encanta que los planes salgan bien” (por cierto, a más de uno sorprenderá saber que George Peppard, en su juventud, habia protagonizado ni más ni menos que “Desayuno con Diamantes”, de Blake Edwards, junto a Audrey Hepburn); M.A., interpretado por Mr.T (¿o era al reves?), esa mole negra de carácter hosco, con su cresta, sus cadenas, sus anillos, y su miedo a volar, que un año antes había interpretado a Clubber Lang, el malo malísimo de Rocky III; Templeton Peck “Fénix” (Faceman en EEUU), interpretado por Dirk Benedict, el guaperas y ligón del grupo, con ese Chevrolet blanco descapotable con el que soñábamos muchos de los niños de aquella época, y “Murdoch” (Dwight Schultz) y su carácter juguetón, rayando la locura, que a veces daban ganas (al menos a mi) de darle un par de hostias para que se comportara.

Esto era estilo antes del Hyunday Coupé tuneado y el pelo a tazón.

Esto era estilo antes del Hyunday Coupé tuneado y el pelo a tazón.

Esta caterva de personajes iban todo el dia de arriba para abajo en una furgona MG negra con alerón rojo que molaba mogollón, huyendo de las fuerzas de la ley y el orden, que los perseguian por ese delito que no habían cometido, y de paso, donde iban parando a mear, ayudaban a los oprimidos y los pobres a luchar contra las injusticias y contra los malos malísimos de cada capítulo. Lo más curioso es que a pesar de los tiros, de los coches que volcaban y de las explosiones, nunca moría nadie. Y eso tiene mucho mérito. ¡Ah! Y cuidado con dejarlos encerrados en un taller, por que se arremangaban, y a golpe de soplete y destornillador, salían de allí en avión. Ah, y salía una chica muy guapa que se llama (ojo) Melinda Culea. En fin, con ese nombre se entiende que no llegase muy lejos.

Ah, en 2010 alguien cometió el sacrilegio de adaptarla al cine 25 años después, con Liam Neeson y Bradley Cooper. Ojalá ardiesen en el infiernos los productores, el director, y el guionista, si es que hubo.

‘El coche fantástico’ (‘Knight Rider‘, 1982 – 1986)

coche-fantastico¿Qué mas se puede decir de Michael Knight y su inseparable y flipante chupacuero? Bueno, y de su coche, Kitt, claro. El argumento era algo así: el guaperas de Michael Knight (David Hasselhoff pre ‘Baywatch‘), un señor mayor y adorable que era su jefe, y la única mujer mecánica (y buenorra) que he visto en mi vida, iban de pueblo en pueblo en un trailer donde guardaban a Kitt (interpretado por un Pontiac Firebird tuneado), un cochazo negro reluciente y alucinante, que riete tú de los de ‘A todo gas’, que en vez de llevar faros de posición llevaba una luz roja en el morro que iba de un lado a otro, y que hablaba, pero con criterio, antes de que se empezase a escuchar eso de la inteligencia artificial. Total, que como el Equipo A, cuando paraban en un pueblo, siempre había un abuso o una injusticia que resolver, y entonces sacaban una rampa de la parte de atrás del trailer y salia marcha atrás ese pedazo de coche conducido por Michael Knight y allí que se iban a investigar y resolver lo que hiciera falta. Mientras llegaban a los sitios, Kitt y Michael hablaban un poco de todo, se iban chinchando mutuamente, o se echaban un julepe.

Los diálogos no eran de Tarántino (ya sabeis, cuartos de libra con queso y masajes en los pies), pero bueno, pasabas el rato. Kitt era tan listo que podría conducir sólo y llegar a los sitios sin GPS ni nada. De hecho, la auténtica función de Michael era liarse a mamporros con los malos, aunque al final siempre le tenía que salvar el culo Kitt cuando lo llamaba desde un reloj calculadora de esos que hacían furor en los 80.

Lo más flipante era cuando Michael pulsaba un botón y el coche fantástico se hacía más fantástico aún, y le salían alerones, se le estiraba el morro, se levantaba el chasis y ponía el turbo, aunque se notaba de lejos que simplemente estaban acelerando la imagen. Efectos especiales made in 80’s. Por cierto, que aquí tampoco moría casi nunca nadie, por que si no nuestros padres no nos habrían dejado verla.

Como no podía ser menos, algún iluminado pensó que vosotros, nativos digitales, mileniales o como leches os llaméis, también teníais derecho a ver este hito televisivo. Pero en lugar de reponerla, no se les ocurrió otra cosa que hacer que… ¿adivinais? ¡Un remake! Igual era para blanquear dinero, pero el caso es que el nuevo Kitt se acabó gripando, a juzgar por las críticas recibidas.

Ah, una vez vi un Pontiac Firebird por Sabadell, y sin los tapacubos de Kitt y con matrícula española perdía mucho. 

‘El halcón callejero’ (‘Street Hawk‘, 1985)

halcon_callejero

Quizá muchos no os acordéis de esta, por que sólo duró una temporada. O sea que muy buena, muy buena, tampoco sería. Si ni siquiera han hecho un remake. Vaya por delante que yo la tengo en un rinconcito de la memoria, así que tampoco me acuerdo muy bien, pero vamos, no hay que acordarse mucho para saber que el planteamiento era un calco descarado del éxito de ‘El coche fantástico’, pero en lugar de un coche, pues se ve que los directivos de la ABC (cadena rival de la NBC) se estrujaron los sesos y decidieron usar… ¡una moto! Así que la cosa iba de un madero al que elegían para probar un nuevo prototipo de moto a lomos de la cual combatía el crimen organizado, y también el desorganizado, de Los Ángeles. O sea, todo muy en la linea ingenua de los 80, cuando los buenos eran buenísimos, y los malos, gente muy dañina. Y siempre ganaban los primeros. Eso sí, la moto, era chanante (aunque no tanto como Kitt), y creo recordar que yo me la compré de juguete.

Y ojo, por que según la Wikipedia, el mismísimo Clooney salía en el segundo capítulo. Si es que todos tenemos un pasado que nos gustaría quemar. De hecho, tengo entendido que el propio Clooney intentó robar y destruir todas las copias en VHS, Beta y U-Matic del capítulo, pero alguien se le adelantó y años mas tarde lo colgó en Youtube. Así que si quereis chantajear a toda una estrella de Hollywood, os lo voy a poner fácil. Ah, para los que (aún) no sepáis inglés, está subtitulado en finlandés.

‘Canción triste de Hill Street’ (‘Hill Street blues‘, 1981-1987)

Hill Street Blues

Ojo, por que aquí hay que cuadrarse y ponerse serios. Olvidaos de las horteradas anteriores, por qué ‘Canción triste de Hill Street’ está considerada aún hoy en dia como un referente de serie policiaca de calidad, o sea, como ‘The Wire’ pero en los años de Naranjito. Entre otras cosas, destacaba por su realismo, por ser pionera en el uso de muchos personajes (el protagonista era el Capitán Furillo. Sí, sí, Furillo), en el hecho de indagar en sus vidas privadas, de usar muchas tramas paralelas que no se cerraban en cada capítulo, y por que se disparaba más bien poco, y cuando lo hacían tenían que dar el número de serie de la pistola, el de la placa y un montón de explicaciones, y además se sentían fatal. Ni que decir tiene que justo por eso a mi me parecía un poco tostón, que esta le gustaba más a mis padres, pero bueno, ya sabéis cómo es eso de la nostalgia. En lugar de la acción, aquí lo que importaba más que nada era las relaciones entre los personajes y sus conflictos internos, del estilo de “¿habré hecho lo correcto?”, “¿está el deber por encima de mi moral?”, “¿cuando me van a pagar los trienios que me deben?”.

Lo más gracioso del asunto es que la serie se llamaba originalmente ‘Hill Street Blues’ siendo ‘blues’ el modo de referirse al uniforme policial. O sea, que deberían haberla traducido como ‘Policias de Hill Street’. Pero como en la piel de toro de inglés hemos andado siempre escasos (y no te digo ya de jerga americana) aquí creyeron que lo de ‘blues’ era por el género musical y lo tradujeron por “Canción triste”, por que el blues es una música de por si misma triste. Pero, de rebote, le da más calidad, pues en vez de el título de una serie de polis parece un tema de Charlie Parker.

Os dejo con la cabecera y su mítica sintonía, a ver si os remueve algo.

McGyver‘ (1985-1992)

MacGyver

Dejemos las series de calidad y volvamos a la esencia de los 80. El argumento de esta tampoco era muy complejo: el prota era Angus MacGyver (Richard Dean Anderson), un agente secreto a sueldo de la Fundación Phoenix (con ese nombre, seguro que le pagaba en B), que iba por ahí a bordo de un jeep enfrentándose a villanos sin escrúpulos y organizaciones criminales que no pagaban el impuesto de sociedades. Siempre iba cargado con una mochila en la que llevaba una navaja suiza, una caja de clips, una linterna, goma-2, etc. es decir, lo normal para irse de acampada. El tío debía de ser licenciado en Ingenieria o algo así, por que como le dejases a mano un compás y una broca del 15, te construía un Kalashnikov. ¿Quien en aquella época no ha intentado imitarlo y fabricar una bomba casera con un chicle y una caja de cerillas? Este tío tuvo la culpa de muchas catástrofes domésticas en los años 80. De hecho, lo de tirar bolitas de papel de libreta mojadas con el tubo de los bolis Bic en plan cervatana seguro que lo vió alguien en un capítulo de McGyver. Por cierto, que McGyver hubiera encajado muy bien en el Equipo A, por que además de ser un manitas, también era un pacifista, ya que siempre ganaba, pero nunca mataba a nadie.

Os dejo con la intro, y os lanzo una pregunta: con este auge de lo vintage y de lo ochentero que vivimos hoy dia: ¿alguien tendrá huevos para recuperar el peinado de McGyver?

Corrupción en Miami‘ (‘Miami Vice‘, 1984-1989)

MiamiViceEsta serie la iban a traducir literalmente y llamarla ‘Vicio en Miami’, pero como sonaba a peli porno, y en España siempre hemos sido más de corrupción (aunque vicios tampoco nos falten), pues se quedó en ‘Corrupción en Miami’.

En fin, el guión tampoco era de Bergman: Sonny Crocket (cómo me molaba ese nombre), interpretado por Don Johnson, un guaperas de la época, pareja de Melanie Griffith antes de que ésta conociera a Antounio, y Ricardo Tubbs, interpretado por Phillip Michael Thomas, se paseaban por Miami a bordo de un un Ferrari Testarrosa blanco, luciendo estilo, sobre todo Sonny Crockett, con su chaqueta blanca sobre su camiseta playera, su pantalón también blanco por los tobillos y sus nauticos. Estilazo de los 80. Ambos formaban la brigada antivicio de Miami, y combatían amenazas como el crimen organizado, el trafico de armas y drogas, el comunismo, y la falta de glamour.

La serie la producía Michael Mann, que en 2006 quiso hacer un remake en cine, con Colin Farrell y Jamie Foxx, y Luis Tosar como malo traficante sin escrúpulos, pero la cosa no funciono demasiado, por que les faltaba ese estilazo de los 80, pues aquellas chaquetas blancas y aquellos náuticos ya no se fabricaban.

Como curiosidad, muchas estrellas de hoy dia aparecieron en capítulos o cameos, cuando solo los conocían en su casa. Es el caso de Ben Stiller, o de Bruce Willis, este último haciendo de traficante de armas que acaba muy malamente. Ahí tenéis la prueba, un montaje del capítulo  en cuestión con música de Phil Collins. ¿Se puede pedir mas?

En el proximo post seguiré inyectando dosis de cutrez y frikismo a este blog con más series ochenteras y horteras, que marcaron mi infancia y me dejaron ‘asín’.

One Comment
  1. Pingback: Series de los 80 que marcaron mi infancia y me dejaron “asín” (II)

Deixa un comentari