‘Coche policial’ (2015): ni Kevin Bacon de poli malo salva un mediocre film

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‘Coche policial’ (‘Cop Car‘) es la primera película que vi en la pasada edición del Festival Internacional de Cinema de Sitges. Y no por casualidad: su premisa me llamó la atención, por su sencillez y potencia(l): dos niños se encuentran un coche de policía abandonado y con las llaves puestas. Como no, se sienten tentados de montarse en él, incluso lo arrancan y van a dar una vuelta, soñando un rato con ser policías. Lo que no saben es que le coche pertenece al sheriff, un tipo corrupto y peligroso, muy preocupado por saber si han abierto el maletero (un Kevin Bacon aplaudido por la platea y con look amenazante, luciendo mostacho autoritario y gafas de sol ochenteras).

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Algo así decía la sinopsis promocional, que remitía a ‘La noche del cazador’ (Charles Laughton, 1955), prometiendo un thriller oscuro e inquietante. Nada más lejos de la realidad. El segundo film de Jon Watts (tras ‘Clown‘, 2014) fue también la primera decepción del festival para un servidor.

El film comienza con los dos pequeños deambulando por las espectaculares llanuras desoladas del Medio Oeste americano, escapados de casa y en busca de alguna trastada que llevar a cabo, como dos modernos trasuntos de Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Juegan a repetir esas palabrotas que sus padres seguramente no les dejan pronunciar. Entonces encuentran el coche. Y empezamos a ver que, desde el guión hasta la puesta en escena, Jon Watts ha elegido un tono tirando a lo cómico, más que al cine negro.

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Todo se confirma con la aparición del sheriff y un prematuro flashback que desvela todo el misterio del maletero y de sus intenciones, y arruina inexplicablemente la tensión. Ahora que ya lo sabemos casi todo, Watts elige el punto de vista del sheriff y se recrea en sus patéticos apuros por recuperar su coche y reconducir (nunca mejor dicho) la situación antes de que sea demasiado tarde para él. Bajón total: del suspense oscuro que podría haber sido a una especie de extraña comedia negra (?) difícilmente clasificable.Falta ritmo, giros, mal rollo y violencia soterrada, y más que a ‘La noche del cazador’ se acaba pareciendo a un reverso menos amable (y más olvidable) de ese cuento sobre el tránsito a la madurez que es ‘Mud’ (Jeff Nichols, 2012), con dos niños introduciéndose en el mundo adulto del crimen. El último tercio se hace lento, a veces inexplicabelemente peripatético y su clímax final es bastante anticlimático.

En suma, una premisa en mi opinión desperdiciada, y un film que en ocasiones parece, parafraseando a Chris Nashawaty, de ‘Entertainment Weekly’, “un corto estirado en un largometraje mediocre“.

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