Series de los 80 que marcaron mi infancia y me dejaron “asín” (II)

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Hace un tiempo (más del que me hubiese gustado) escribí la primera parte de este post, con algunas de aquellas series de los 80 que marcaron mi infancia y que me dejaron “asín” como estoy, es decir, un poco agilipollado y un nostálgico sin remisión. Pues aquí va otra tanda de aquellas ficciones seriadas ochenteras, la mayoría de sobremesa, puesto que era la única hora en la que se permitía sentarme delante del televisor. Algunas las seguía yo, y otras mis padres (en otro post debería hablar de aquellas bizarras telenovelas venezolanas), pero todas se quedaron grabadas en mi imaginario infantil en mayor o menor medida. Empezemos con todo un clásico:

‘V’ (1983-85)

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Esta serie marcó mi infancia en el sentido más terrorífico de la expresión. Con ella aprendí lo que era el miedo, aunque vista ahora sea de descojonarse de risa. 

La cosa iba de los esfuerzos de un grupo de humanos por liberar a la Tierra de la invasión (supuestamente pacífica, pero con muy mala idea) de una raza alienígena que camuflaban su aspecto reptiliano bajo apariencia humana y un traje naranja como los de Guantánamo pero con hombreras. O sea, era como la guerra contra el francés, más avanzado pero un pelín soberbio, pero a escala interplanetaria.

Pero en 1983, o eras George Lucas, o no estabas preparado para tratar una premisa así como merecía. Por eso, las escenas de acción, los puñetazos sin tocarse que ni el pressing catch, los efectos especiales, el vestuario de los actores, sus pistolas de rayos laser y sus naves alienígenas como miniaturas movidas por hilos y superpuestas al fondo, etc. son, a la luz actual, de vergüenza ajena.

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Los lagartos invasores ya comían ratones, antes de que llegaran a nuestro país los restaurantes chinos. De ahí esa mítica imagen, que se quedó grabada en nuestras vírgenes retinas, de Diana, la pérfida a la par que atractiva líder alienígena, cruspiéndose un roedor como si fuera un espárrago Carretilla.

La serie pretendia quizá hacer un paralelismo con la invasión nazi de algunos países europeos, pues los invasores habian tomado gran parte de EEUU, incluído Los Ángeles, donde se desarrollaba la historia, pero mantenían una especie de colaboración con los gobiernos y poderes locales, en una especie de “vamos a llevarmos bien, por qué si no, van a haber ondanadas de ostias”. Uno de los que siempre estaba intrigando con los bichos, para ver qué podía sacar, era Nathan Bates, un poderoso magnate farmaceútico, que controlaba la producción del “red dust”, un polvo químico que era como Kriptonita para los lagartos.

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Y luego estaban los inconformistas, los rebeldes de la causa libertaria, llamados la Resistencia, con el reportero dicharachero y aventurero Mike Donovan (Marc Singer) a la cabeza, y el sicario a sueldo Tyler (Michael Ironside), que igual curraba para Bates que, cuando se aburría, se ponía a matar bichos con los buenos, por que en el fondo era buena gente. Y por enmedio siempre andaba Juliet (Faye Grant), empleada favorita de Bates, fundadora de la Resistencia y amor de Donovan de esos que no follan nunca para aguantar la tensión sexual toda la serie. Y Willie, no la ballena, sino un lagarto que se ve que tenía buen corazón y se unió a la Resistencia para servir copas en el garito de Elias (Robert Wright), un negrito molón ex combatiente de la resistencia que ahora era autónomo. ¿Y a que no sabéis quien interpretaba a Willie? El mismísimo Robert Englund, AKA Freddy Krueger.

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Otra figura clave era Elisabeth (Jennifer Cooke), una niña fruto del sexo interracial entre una mujer y un lagarto que, claro, salió híbrida, pero con el camuflaje humano ya de serie. En un capítulo se convirtió en larva, y mediante una metamorfosis que ni la de Kafka, creció diez años en un dia, convirtiéndose en un pibón, pero claro, su esencia híbrida hacía que estuviese hecha un lío. O sea, como Miley Cyrus pero más mojigata. Se suponía que era algo así como “la niña de las estrellas” y los invasores la buscaban, y los humanos la protegían, por que ella era la clave de todo y sin ella no habría serie. Grosso modo.

Como ‘El equipo A’, ‘V’ también se convirtió en pasto de los remakes de series ochenteras, para que los nativos digitales la pudierais ver en formato panorámico. Fue en 2009-2011, y al parecer no estaba del todo mal. Pero me niego a verla. 

‘Alf’ (1986 – 1990)

¿Qué decir de ALF, ese otro alienígena mezcla de un cruasán y Esperanza Aguirre? En formato sitcom (antes de qué aquí supiéramos qué leches era eso), era un híbrido entre ‘El show de Bill Cosby’ y ‘E.T.’, supongo que a rebufo del éxito del film de Spielberg y su fórmula infantiloide.

Alf era un bicho del espacio sideral procedente del planeta Melmac que por aquellas cosas de la vida iba a caer a la tierra y se quedaba a vivir con los Tanner, una familia típicamente americana de la época: el padre, la madre, la parejita de hijos y el gato. Por cierto que los gatos eran la comida favorita de ALF.

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Lo que más recuerdo de ALF, que casi siempre aparecía de cintura para arriba, como un guiñol, es su flequillo, su hocico de oso hormiguero y esa forma de llamar al padre de familia: “¡Willieee!”, con aquella voz (al menos en la versión doblada) entre Epi y el Perro Pulgoso.

Culebrones: ‘Dinastía’ (‘Dinasty‘, 1981-1989), ‘Dallas’ (1978 – 1991) y ‘Falcon Crest’ (1981-1990)

Aquí tenemos tres culebrones americanos que duraron toda una década e incluso más, como el puto Gran Hermano pero en los 80. Muy en la linea de la década, y del concepto mismo de culebrón, en ellas los protagonistas eran el lujo y las intrigas familiares. De hecho, las tramas ‘Dinastía’, de la ABC y ‘Dallas’ (otra que tuvo remake en 2012), de la CBS, revelan lo que parece un caso de espionaje industrial, pues son calcadas. En este caso, por fechas, los copiotas serían los de la ABC.

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Foto de familia de ‘Dallas’

En fin, que la cosa trataba en ambos casos sobre acaudaladas familias que tenían problemas de todo tipo (intrigas, celos, venganzas, clanes rivales, etc.) menos de dinero, pues andaban en el negocio del petroleo y se gastaban unas mansiones que ni Bertín Osborne. Todo ello con el telón de la América profunda, con botas camperas y sombreros de cowboy.

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Intrigas y más intrigas en ‘Dinastía’

Y luego estaba ‘Falcon Crest’ y su inolvidable Angela Channing (Jane Wyman), que era más mala que un dolor. Aquí también había dinero a raudales y rencillas por doquier. La única diferencia sustancial era que en vez de forrarse con el petroleo los de Falcon Crest eran productores de vino, que da dinero, pero no tanto. Y que salía el inolvidable Lorenzo Lamas, ‘el Rey de las camas’ (a la derecha del todo en la foto).

Cast Of 'Falcon Crest,' 1981

‘Gran Reserva’ en los 80

‘El Trueno Azul’ (‘Blue thunder‘ 1984 – 85)

Si en el anterior post hablaba de ese mito que fu y sigue siendo ‘El coche fantástico’ y el fallido calco que fue ‘El halcón callejero’, aquí tenemos otra serie que confirma la tendencia ochentera a las ficciones sobre vehículos futuristas y flipantes. En este caso se trata de una serie facturada para estirar el éxito de la película homónima de 1983, cuyo protagonista era un espectacular helicóptero militar diseñado con mala idea para controlar a la gente.

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Siempre quise uno así. Lo único malo es para aparcarlo.

Es decir, que igual te espiaba a alguien a 300 metros de distancia grácias a sus micrófonos supersónicos (antes todo lo moderno era supersónico) que te disolvía una manifestación a golpe de altavoz so pena de liarse a tiros. Ni que decir tiene que el helicóptero era chanante hasta decir basta, un Aérospatiale Gazelle SA 342M francés tuneado para la ocasión, según leo en la Wikipedia. 

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La peli, protagonizada por Roy (‘Tiburón’) Scheider y Malcolm (‘drugo’) McDowell es muy buena, pero parece ser que la serie duró menos que Rafa Benítez en el Madrid. Bueno, perdón, un poco más, porque al menos acabó la temporada. Pero no triunfó porqué le tocó competir los viernes por la noche precisamente con ‘Dallas’, que debía ser algo así como competir con ‘Tu cara me suena’ hoy en día. Pero el helicópero molaba mogollón, ¿ya lo he dicho? Por cierto, ojo que no debo ser el único friky por que tiene su propia web: ‘The Special’.

‘Starman’ (1986-1987)

Vale, a lo mejor esto raya lo friky, pero ya os advertí desde el mismo título de estos posts que las series ochenteras me dejaron un poco tocado. Porque sólo así se entiende que me acuerde de esta serie que me da que a estas alturas no recuerdan ni sus creadores.

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Antes de entrar en la Wikipedia, lo único que recordaba vagamente era la cara de empanado de su prota, que iba con unas bolas de luz en la mano ahaciendo el bien por ahí. O algo así. Pues bien, resulta que ‘Starman’, como ‘El trueno azul’, estaba basada en una película homónima estrenada apenas el año anterior, en este caso dirigida por John Carpenter. El film iba de un alienígena que llegaba a la Tierra y tomaba la forma de un periodista que acababa de morir, o sea, un poco como el T1000 de Terminator 2 pero en plan bueno, por que el alienígena este era muy buena gente.

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I’m the Starman! Piii, pa pa pa-ra-pa!

La forma en cuestión era la de Jeff Bridges (sí, el Nota de ‘El Gran Lebowsky’), y emprendía un viaje con la mujer del periodista muerto hacia la ubicación que le habían mandado sus compis del espacio exterior (los aliens ya tenían una especie de Whatsapp) para una reunión, mientras los perseguían las fuerzas de la ley y el orden. Por el camino echaban un pinchito y le hacía un bombo a la mujer del periodista, aunque ella era estéril, pero claro, ¿el alien qué sabe?. Total, que ella encantada. Y ya no os cuento más que os spoileo toda la peli, no sea que la queráis ver.

El autógrafo que nunca me firmó Robert Hays

El autógrafo que nunca me firmó Robert Hays

Pues la serie sucedía quince años después, cuando el bueno de Starman regresaba a la Tierra para ver el Mundial de Méjico’86 y de paso para hacerse cargo de su hijo porque al parecer su madre mucho querer tener un hijo pero luego se fue a por tabaco y lo dejó abandonado. Juntos, iban en busca de ella. Y así buscando voy y buscando vengo, por el camino yo me entretengo y hago un milagro por allí y otro por acá mientras, como no, daban esquinazo a las fuerzas de la ley y el orden, que se conoce que no se llevan demasiado bien con los aliens, aunque vengan en son de paz y hagan milagros. Un poco como los romanos con Jesucristo. En fin, un clásico.

‘Luz de Luna’ (‘Moonlighting’, 1985 – 1989)

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Para el que no lo sepa, Bruce Willis empezó siendo actor de comedia, y su papel más destacado hasta que dió el salto al cine (también en comedia, con ‘Cita a ciegas’) era el de David Addison, el socio de Maddie Hayes (Cybill Shepherd, por entonces estrella de capa caída pero de muy buen ver), en la agencia de detectives ‘Blue Moon. Willis (actor emergente por entonces) incluso ganó algún Emmy por este papel.

Antes que los de ‘Castle’, estos dos tortolitos ya andaban resolviendo casos mientras deshojaban la margarita de si se querían o no se querían, aunque se dice en los mentideros que en la vida real la Shepherd y Willis discutían más que los Pimpinela dejando el tabaco.

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El tono era bastante disparatado, de comedia de enredo a lo Howard Hawks, con la clásica TSNR y Willis hacía bastante el capullo, pero siempre con esa prestancia tan suya que tiene el jodío. Parece ser que en la serie hubieron cameos de lo más granado, como Tim Robbins, Whoopi Goldberg, Pierce Brosnan o Demi Moore, a la postre mujer (hoy ex) del gran John McClane. Incluso se dejaron caer por allí monstruos de la talla de Orson Welles, Eve-Marie Saint, Peter Bogdanovich o el mismísimo Ray Charles. Esto lo dice la Wikipedia, por que yo no me acuerdo.

Lo que sí recuerdo es su preciosa melodía de cabecera, interpretada por Al Jarreau, que os dejo aquí por si habéis olvidado lo que es el glamour. Y si aún os queda nostalgia de series ochenteras, tranquilos, que tengo más. Pero será en otro post. 

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