España se hace un ‘selfie’ y Coixet lo cuelga en los cines.

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En 2010, Ridley Scott y Kevin McDonald (“El último Rey de Escocia”) pidieron a los usuarios de Youtube de todo el mundo que subieran a esta red social videos que retratasen fragmentos de su vida durante un dia concreto: el 24 de julio de 2010 y que además, respondieran tres preguntas: “¿qué hay en tu bolsillo o bolso/a?”, “¿qué amas?” y “¿qué temes?”.

De entre las 4500 horas de video recibidas desde 192 paises, se seleccionaron ciertos fragmentos para componer, en orden cronológico y saltando de una punta a otra del planeta, el relato de un dia en la Tierra.

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A nivel estrictamente fílmico, el experimento ponía sobre la mesa varias cuestiones, como el potencial del crowdsourcing a la hora de generar el metraje o el poder de la selección y el montaje para crear un discurso con un material dado. El resultado, sin embargo, fue algo más edulcorado del que hubiera soñado Eisenstein con el mismo material. “Life in a day“, un emotivo retrato de la especie humana y de lo que significaba estar vivo aquel 24 de julio de 2010, se estrenó simultáneamente en Youtube y en el festival de Sundance, y llegó al circuito comercial el verano de 2011.

Tras conocer un remake italiano en 2014 (“Italy in a day“, de Gabriele Salvatores), y uno alemán el pasado verano (“Deustchland. Made by Germany“, de Sönke Wortmann), llega ahora la versión española de la mano de Isabel Coixet. Y el resultado es practicamente idéntico al original.

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La lectura negativa de esto es que Coixet no ha aportado apenas nada original al proyecto, y es dificil hallar algún rastro de autoria en la selección y el montaje de los fragmentos (tratandose de la Coixet, para su legión de haters eso será una buena noticia). La directora catalana ha calcado practicamente el esquema del proyecto original: orden cronológico, pequeñas “unidades temáticas” entre las cuales están la respuesta a casi las mismas tres preguntas, y una selección de material con valor emocional pero políticamente muy correcto y escasamente reivindicativo (a nivel social o territorial, por ejemplo, esta España podría haber dado más de sí). Es decir, al igual que en “Life…“, ha imperado aquello más ñoño. No en vano, Coixet estaba al mando.

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Sin embargo, la lectura positiva es que Spain in a day” no desmerece en lo que a emotividad se refiere. Ayudado por la banda sonora de Alberto Iglesias, el film conserva la mejor cualidad de la propuesta original: la de hacer que por un rato, perdamos (afortunadamente) la compostura crítica y seamos sólo seres humanos. Que seamos ese bebé que recién llega al mundo (¿que sentirá cuando sepa que su nacimiento se vió en los cines?); esa anciana centenaria de mirada cansada y mente ya confusa; esa chica que llama a sus padres sólo para decirles “te quiero”; esa niña que teme a la muerte; la chica aquejada de cáncer más guapa que este crítico recuerda, o ese pequeñín (impagable momento, casi una metáfora de orden mitológico sobre nuestra especie) que intenta asombrado coger los rayos de luz que entran por la ventana y bañan su cuerpo. Y los animales (muchos gatos, que no podían faltar en un film tan youtuber), que no son humanos pero forman parte ineludible de nuestra vida.

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Spain in a day” es como un Frankenstein cinematográfico: construido con retazos de texturas y realidades diversas, pero con un enorme corazón. Un canto a nuestra vida (y a nuestra muerte) de enorme valor documental y existencial que refleja algo de la complejidad de este extraño viaje que es la vida. No se sorprendan si sueltan alguna lágrimilla o una carcajada empática. Es cierto: desde una óptica resabiada podríamos alegar que el formato “in a day” es del mejor ejemplo de la era de los smartphones, las cámaras GoPro, los selfie stick y la espiritualidad estilo Paulo Coelho. Pero también de que la gente es capaz de hacer cualquier cosa para tener sus 15 minutos de fama. Por una vez, incluso lo mejor: ser simplemente humanos. 

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